“Mickey Haller (Matthew McConaughey) es un astuto abogado de Los Ángeles que se ha especializado en defender a criminales de poca monta procedentes de los barrios bajos. Cuando un día se le presenta la oportunidad de defender al joven Louis Roulet (Ryan Phillippe), un rico heredero de Beverly Hills detenido por el intento de asesinato de una prostituta, su carrera parece dar un vuelco, pues esto significa percibir unos ingresos muy superiores a los habituales. Sin embargo, aunque el caso es aparentemente sencillo, todo se va complicando según avanza la investigación… (FILMAFFINITY)”.

Bajo esta sinopsis se esconde este inofensivo drama legal que en ningún momento está a la altura de lo que pretende. Todo va sucediendo sin motivo aparente haciendo que la trama, lejos de ser llamativa o sorprendente, se convierta en un absurdo que lo único que provoca en el espectador es un ¡buf!. A esto se le añaden personajes totalmente superfluos que no pintan nada en la película, como la mujer del protagonista (al menos está interpretada por la siempre bienvenida Marisa Tomei) o el chófer (Laurence Mason). Puede llegar a distraer pero no aporta nada de nada.

 

 

Resumiendo. No es gran cosa y sólo es recomendable para un domingo por la tarde si no tienes nada mejor que hacer. Mi puntuación: **1/2 (sobre 4).