“Paul Conroy (Ryan Reynolds), padre de familia y contratista civil en Irak, es secuestrado y despierta enterrado vivo en un viejo ataúd de madera, teniendo en su poder únicamente un teléfono móvil y un mechero. El teléfono es el único medio para tratar de escapar de su agónica pesadilla. La cobertura precaria y la escasa batería son sus mortales enemigos en una carrera a vida o muerte contra el tiempo: sólo dispone de 90 minutos para lograr su rescate antes de que se le agote el oxígeno… Aclamado film español de suspense presentado en Sundance 2010, que levantó grandes colas y mucha expectación”.


 

 

Lo primero que me preguntaba antes de ver esta peli era lo que podía dar de sí la historia de un tio metido en una caja. Y sí, sí que da de sí. Otra cosa es el resultado final, pero da de sí. Sin lugar a dudas, Rodrigo Cortés ha conseguido hacer una película inquietante, dramática y claustrofóbica. Mantiene al espectador espectante y en tensión. Pero en demasiadas ocasiones nos propone situaciones que se podrían calificar de absurdas. No las voy a enumerar para no destripar a nadie el film, pero son unas cuantas. Y eso hace bajar a este trabajo muchos enteros. Podía haber sido una gran película pero, debido a eso, se queda en muy normalita.

 

 

Pese a todo, se deja ver y te hace pasar un ¿buen? rato. Mi puntuación: 2.5 sobre 4.