“Mientras se encuentra con su mujer de visita en Berlín, el doctor Martin Harris (Liam Neeson) sufre un accidente de tráfico y entra en un prolongado estado de coma. Cuando se despierta, comprueba alarmado que alguien ha usurpado su personalidad. Entonces emprenderá, con la ayuda de una mujer (Diane Kruger), una frenética investigación para averiguar la verdad de lo que está sucediendo. (FILMAFFINITY)”.

El director español nos propone, a priori, un argumento interesante lleno de suspense. Pero conforme los minutos van avanzando la historia se vuelve más y más típica y no nos ofrece nada nuevo en el género. El desenlace es original pero, como se adivina desde mitad de la película, sorprende poco, por no decir nada. Está bien hecha y bien llevada pero es una trama que ya hemos visto antes muchas veces.

 

 

No propone nada y, tal vez, ni siquiera lo pretende. Está dirigida al gran público con el fin de llegar al máximo número de personas. Ni siquiera la salva la aparición de buenos actores como Liam Neeson, Frank Langella o Bruno Ganz. Al menos ofrece el entretenimiento justo para no pensar que se ha malgastado la entrada del cine.

 

 

Recomendada sólo a los seguidores de los mamporros de Liam Neeson.

Mi puntuación: **1/2 sobre 4.