“Massachusetts, años 80. Dicky Eklund (Bale), un boxeador conflictivo pero con talento, intenta redimirse entrenando a su hermano menor. En sus buenos tiempos había sido el orgullo de la ciudad de Lowell, en Massachusetts, por haber tumbado una vez al campeón del mundo Sugar Ray Leonard; pero después vinieron los tiempos difíciles en los que se hundió en una peligrosa mezcla de drogas y delincuencia. Mientras tanto, su hermano Micky Ward (Mark Wahlberg) se ha convertido en una promesa del boxeo, y las riendas de su carrera las lleva su madre (Melissa Leo). Sin embargo, a pesar de su potente gancho de izquierdas, siempre acaba derrotado. Tras un combate que nunca debió celebrarse, Micky decide seguir el consejo de su novia Charlene (Amy Adams) y alejarse de su familia. (FILMAFFINITY).”

 

 

David O. Russell nos trae una película cuyo hilo conductor es el boxeo, pero que trata de la vida, del afán de superación y de cómo superar las adversidades. Nos trae dos horas de buen cine, una historia bien relatada, emocionante e incluso, en algunos momentos, cómica. Pero que tiene un error que la hace bajar enteros. El personaje secundario, interpretado magistralmente por Christian Bale, se come con patatas al principal (Mark Wahlberg) y pasas toda la peli pensando “Wahlberg, copón, pírate ya que no veo a Bale”. El pobre Wahlberg no lo hace mal pero es que Christian es mucho Christian.

 

 

A pesar de eso, un buen film, interesante y recomendable a todo ser humano que carezca de branquias.

Mi puntuación: 3 sobre 4.