“Madrid, principios del siglo XXI. Un día el inspector de policía Santos Trinidad, de camino a casa, ya muy borracho, se ve involucrado en un triple asesinato. Pero hay un testigo que consigue escapar y que podría incriminarlo. Santos emprende una investigación destinada a localizar y a eliminar al testigo. Mientras tanto, la juez Chacón, encargada de la investigación del triple crimen, avanza meticulosamente en la búsqueda del asesino. Santos y Chacón descubrirán muy pronto que lo que parecía un simple caso de tráfico de drogas es, en realidad, algo mucho más peligroso. (FILMAFFINITY)”,

Ni tanto ni tan poco. Ni es el peliculón que gran parte de la crítica dice que es, ni es una basura infumable. El gran problema de la película es que tiene un guión demasiado abierto. Algunas cosas parecen no tener mucho sentido y el salto de las drogas al terrorismo islámico no le sienta muy bien. Además hay personajes que sobran porque no aportan nada, como el compañero del protagonista, el poli que acompaña a la jueza, incluso la propia jueza si me apuráis.

 

 

Pero no todo es malo. Coronado está soberbio en el papel de Santos Trinidad. Es cierto que es un cliché, pero está grandioso. Si me lo encontrara por la calle, me cruzaría de acera y aceleraría el paso. Sin duda alguna, lo más destacable de este trabajo. A esto hay que añadir que es un buen ejercicio de cine negro y que, a pesar de lo dicho al principio, engancha y entretiene. Y, para mí, eso es decir suficiente hoy en día.

 

 

Resumiendo: una buena película pero que no es, ni de lejos, el peliculón que nos quieren hacer ver. Y como me ha hecho pasar un buen rato pese a sus errores, mi puntuación es *** (sobre 4).