Aún recuerdo el primer capítulo que vi de esta serie. Estábamos en Cazorla y mi amigo Lord of the Pit me recomendó The Office. Y que mejor manera de hacerlo que poniéndome un capítulo. Se trataba de aquel del partido de baloncesto de la primera temporada. Y supe en ese instante que tenía que seguir esa serie. Era diciembre de 2007. Y ayer, casi 7 años después, he terminado de ver la última temporada.

No puedo creer que haya acabado. Es como perder a unos amigos. Perderlos después de haber compartido mucho después de tantos años. Perderlos después de haberme reído como pocas veces me he reído delante de una pantalla. Resulta curioso cuanto cariño se le puede coger a unos personajes ficticios.

Y no es para menos, puesto que The Office tiene alguno de los momentos más graciosos que he disfrutado en televisión. Un humor absurdo de lo mejorcito visto en una comedia. No sólo se trata de buenos guiones. Se trata de grandes personajes y grandes personas detrás interpretándolos. Empezando por Michael, interpretado por el genial Steve Carrell, y sus constantes salidas de tono, sus meteduras de pata y su relación de odio con Toby. Continuando por  Dwight y su relación antagónica con Jim. Y no puedo olvidar tampoco el extraño Andy y, al gran personaje secundario de la serie, Kevin. En realidad prácticamente todos los personajes principales o secundarios son destacables.

 

Mi boli de Dunder Mifflin

 

Son tantos los momentos memorables que me resulta imposible enumerarlos ahora. Siempre quedarán en mi cabeza y esbozaré una sonrisa al recordarlos. Me da pena no encontrarme con nuevos momentos memorables, pero todo tiene que acabar. Ahora sólo me queda el consuelo de volver a verla en versión original. El que no se consuela es porque no quiere.

Sólo puedo recomendaros esta serie encarecidamente. Os dejo con una recopilación de lo más típico de la serie: that’s what she said. Y después con una de las escenas con las que más me he reido: