Cuando pienso en George Michael pienso en mi niñez y en mi adolescencia. Fue uno de los primeros cantantes en los que me fijé allá por los ’80 y marcó, musicalmente, la banda sonora de mi vida en aquella época.

Sólo fueron sus dos primeros álbumes los que forman parte de mi vida, ya que su carrera posterior no la seguí demasiado.

“Faith”, de 1987, fue de los primeros cassettes que escuché reiteradamente. Tanto la canción que da título al trabajo como “I want your sex” están en mi cabeza de manera enfermiza. No sé cuantas veces las habré escuchado.

“Listen without prejudice”, de 1990, fue su segundo álbum y su vinilo giró en mi tocadiscos hasta el infinito. “Freedom” formará parte de mi banda sonora vital siempre.

Lo único que deseo ahora mismo es que George Michael esté junto a Freddie Mercury cantando “Somebody to love”. Hasta siempre George.