La Casa azul es una banda surgida de la imaginación del productor, compositor y arreglista Guille Milkyway. Los miembros comienzan siendo un mero dibujo, pasando a elegir a 3 chicos y 2 chicas en la salida de su primer LP. Son estos chicos los que aparecen en los vídeos y en las actuaciones de televisión, encargándose Guille del directo. En el segundo LP los chicos van perdiendo protagonismo y éste lo va tomando el propio Guille, olvidándose por completo de esa banda ficticia para la llegada del tercer álbum, precísamente éste al que está dedicado esta entrada.

Tengo que reconocer que mi interés por La Casa azul es muy reciente. Hace mucho que la conocía, e incluso alguno de sus temas me encantaba, pero no me había parado a escuchar sus discos. Hace unos meses lo hice y me quedé con cara de tonto. No sabía cómo habia dejado pasar tres discazos y un grupo tan asombroso de canciones. Por suerte nunca es tarde si la dicha es buena. Y más si la recompensa es poder escuchar uno de los mejores álbumes que he escuchado en castellano. Que tonterías digo. Uno de los mejores álbumes que he escuchado en mi vida.

El primer trabajo de la casa azul llega en 2003 con el título “tan simple como el amor”. Se trata de un estupendo álbum con un marcado estilo europop y leves toques de disco de los 70. En 2007 aparece “la revolución sexual”, en el que el estilo europop disminuye claramente y el disco le coge terreno. “La polinesia meridional”, motivo de esta entrada, ve la luz en 2011. Aquí ya no hay sitio para otra cosa que no sea disco. A Guille, como a mí, le encanta la cultura de club de los 70 y 80, esa música con ritmos bailables y muy marcados pero que no olvidaban para nada la melodía. Y eso se nota porque el resultado es realmente brillante. La habilidad para arreglar las canciones y su calidad como compositor queda patente a lo largo y ancho de esta polinesia. No hay ni un minuto de este álbum que no esté perfectamente trabajado y producido.

Desde el comienzo hasta el último instante del disco, nos invita a movernos, a mover los pies siguiendo el ritmo de todas y cada una de las canciones. Dadle al play y empezad este viaje con “los chicos hoy saltarán a la pista”. No podréis parar hasta haber dado toda la vuelta a la polinesia. Toda es maravillosa pero hay algunas paradas que son realmente impresionantes. La canción de inicio, ya nombrada, os dejará pegados a la silla, así como “la fiesta universal”, la barrywhitiana “la polinesia meridional”, la pegadiza “colisión inminente”, las especialmente personales “Terry, Peter y yo” y “la vida tranquila” y las bailables hasta el infinito “todas tus amigas” y “salvese quien pueda”. Pero no dejéis de escuchar todo el álbum porque es para enmarcarlo.